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Qué comer antes y después de un vuelo largo para evitar hinchazón y cansancio

Qué comer antes y después de un vuelo largo para evitar hinchazón y cansancio

Los vuelos largos combinan varios factores que afectan al cuerpo: muchas horas sentado, aire seco, cambios de presión y, a menudo, horarios de comida desordenados. Todo esto puede provocar hinchazón, pesadez, cansancio extremo y sensación de “cuerpo cortado” al llegar al destino.

La buena noticia es que una parte importante de cómo te sientes al bajar del avión depende de lo que comes y bebes antes, durante y después del vuelo. Ajustar tu alimentación puede marcar la diferencia entre llegar agotado o aterrizar con energía suficiente para empezar a disfrutar.

Cómo afecta un vuelo largo a tu digestión y a tu energía

Para entender qué comer, primero conviene saber qué le pasa al cuerpo cuando vuelas muchas horas. Tres factores influyen especialmente en la digestión y el cansancio:

  • Presión atmosférica reducida: a gran altitud, incluso presurizada, la cabina tiene una presión menor que a nivel del mar, lo que puede favorecer la formación de gases y la sensación de hinchazón abdominal.
  • Inmovilidad prolongada: estar sentado mucho tiempo enlentece el tránsito intestinal, favorece la retención de líquidos y empeora la circulación en piernas y pies.
  • Aire seco y deshidratación: el aire del avión es muy seco; si bebes poca agua y tomas café o alcohol, es fácil terminar deshidratado, lo que empeora el cansancio y el dolor de cabeza.

A esto se suman el jet lag y los cambios de horario de comidas. Por eso, comer ligero, con buena hidratación y nutrientes adecuados ayuda a prevenir molestias y a recuperarte más rápido al aterrizar.

Qué comer antes de un vuelo largo para evitar hinchazón

La comida previa al vuelo (unas 2–3 horas antes de embarcar) es clave. Piensa en ella como un “combustible estable” que no te cause inflamación ni bajones de energía a mitad de trayecto.

Características de una buena comida pre-vuelo

  • Ligera pero saciante: suficiente para no pasar hambre, pero sin dejarte “a reventar”. Mejor quedarte un punto por debajo de la saciedad total que pasarte.
  • Baja en grasas pesadas: frituras, embutidos grasos y salsas muy cremosas se digieren lento y pueden aumentar la sensación de hinchazón.
  • Moderada en sal: el exceso de sodio favorece la retención de líquidos, algo que se nota más en pies, manos y abdomen durante el vuelo.
  • Con hidratos de carbono de absorción lenta: ayudan a mantener energía estable (ej: avena, pan integral, quinoa, arroz integral, patata o boniato cocidos).
  • Proteínas magras: aportan saciedad y ayudan a estabilizar el azúcar en sangre (ej: pollo, pavo, pescado blanco, huevos, tofu, legumbres en porción moderada).

Alimentos recomendados antes del vuelo

Algunas combinaciones prácticas y fáciles de encontrar en muchos aeropuertos o de preparar en casa son:

  • Bol de cereal integral + proteína: por ejemplo, avena cocida con yogur natural, semillas y fruta fresca (plátano, manzana, frutos rojos).
  • Ensalada templada: base de verduras (espinaca, zanahoria, pepino, tomate) con quinoa o arroz integral y pechuga de pollo o garbanzos.
  • Bocadillo sencillo: pan integral con pavo, pollo o hummus, acompañado de alguna verdura (rúcula, tomate, lechuga).
  • Plato de cuchara ligero: si viajas desde casa, una crema de verduras (calabaza, calabacín, zanahoria) con un huevo duro o algo de pescado blanco.

En muchas culturas viajeras se ha normalizado comer platos muy pesados antes de un vuelo largo “para aguantar”, como cazuelas grasosas o grandes porciones de comida rápida. Sin embargo, cada vez más viajeros frecuentes adoptan opciones más ligeras para aterrizar con mejor sensación física.

Alimentos que conviene evitar antes de volar

No es necesario prohibir nada de forma absoluta, pero sí es útil limitar algunos grupos de alimentos justo antes de subir al avión para reducir gases, acidez o malestar:

  • Fritos y comidas muy grasosas: pollo frito, patatas fritas, hamburguesas muy cargadas, empanizados.
  • Ultra procesados muy salados: snacks de bolsa, embutidos muy salados, sopas instantáneas.
  • Grandes cantidades de legumbres fuertes en fibra: lentejas, frijoles o garbanzos en raciones abundantes pueden aumentar gases, sobre todo si no forman parte habitual de tu dieta.
  • Verduras muy flatulentas en exceso: col, coliflor, brócoli o cebolla cruda en mucha cantidad pueden favorecer la hinchazón.
  • Dulces muy azucarados: grandes porciones de pasteles, bollería industrial o bebidas muy azucaradas pueden provocar picos de energía seguidos de bajones.

Hidratación y bebidas antes y durante el vuelo

Lo que bebes influye tanto como lo que comes. La cabina de un avión suele tener menos humedad que muchos desiertos, por lo que la deshidratación es un riesgo real incluso si no la notas de inmediato.

Qué beber para sentirte mejor en el aire

  • Agua: empieza a beber agua de forma regular unas horas antes del vuelo y sigue haciéndolo a sorbos durante el trayecto.
  • Infusiones suaves: manzanilla, menta o jengibre pueden ayudar a la digestión y a calmar el estómago.
  • Bebidas con electrolitos ligeros: una pequeña cantidad puede ser útil si eres propenso a la deshidratación, pero sin excesos de azúcar.

Bebidas que conviene limitar

  • Alcohol: se absorbe más rápido en altura y potencia la deshidratación. Si lo tomas, mejor en cantidades muy moderadas.
  • Café y bebidas energéticas: un café puede estar bien para algunos, pero abusar de la cafeína puede alterar el sueño y secarte aún más.
  • Bebidas gaseosas: refrescos y aguas con gas favorecen la acumulación de aire en el intestino, incrementando la sensación de hinchazón.

Qué comer durante el vuelo para minimizar malestar

En vuelos largos, las compañías aéreas ofrecen comidas que no siempre son las más ligeras. Puedes adaptarte a lo que haya o llevar tus propios snacks para tener más control sobre lo que comes.

Estrategia general de alimentación en vuelo

  • Porciones pequeñas y frecuentes: mejor comer un poco cada varias horas que hacer una sola comida muy pesada.
  • Elegir la opción más simple: si hay dos menús, suele ser mejor el que tenga menos salsas y frituras.
  • Escuchar tu hambre real: no es obligatorio comer toda la bandeja si no tienes hambre; puedes quedarte con la parte más ligera.

Snacks saludables que puedes llevar

Dependiendo del país y sus normas, muchos viajeros llevan pequeñas raciones de alimentos para comer durante el vuelo. Algunas ideas cómodas y relativamente universales son:

  • Frutos secos sin sal: almendras, nueces, anacardos en porción moderada (son calóricos, pero saciantes).
  • Fruta fresca fácil de transportar: manzana, mandarina, uvas sin semillas en un recipiente, uvas pasas en pequeña cantidad.
  • Barritas de cereal con pocos azúcares añadidos: aportan energía sin exceso de dulzor.
  • Galletas integrales sencillas: mejor opciones poco procesadas y con lista de ingredientes corta.

En algunas culturas, es muy habitual llevar comida casera al avión (por ejemplo, onigiri en Japón o pequeños bocadillos en varios países de Europa y América Latina). Adaptar estas tradiciones a versiones más ligeras puede hacer tus vuelos mucho más cómodos.

Qué comer después del vuelo para reducir cansancio y hinchazón

Al aterrizar, tu objetivo es rehidratarte, reactivar la circulación y darle al cuerpo nutrientes fáciles de usar para recuperar energía. La primera comida en destino puede marcar cómo te sentirás el resto del día.

Primeras horas tras el aterrizaje

En cuanto bajes del avión:

  • Prioriza el agua: toma varios vasos de agua a lo largo de las primeras horas, mejor a pequeños sorbos que de golpe.
  • Evita comidas enormes justo al llegar: sobre todo si tu horario interno está desajustado; una comida excesiva puede darte más pesadez y sueño.
  • Muévete un poco: caminar ayuda a que tu sistema digestivo se “despierte” y a que baje la hinchazón de piernas y abdomen.

Comidas recomendadas tras un vuelo largo

Lo ideal es combinar alimentos que te rehidraten con otros que te den energía suave y sean amables con el estómago:

  • Platos con verduras y hortalizas: ensaladas con hoja verde, tomate, zanahoria, pepino, aguacate; también verduras al vapor o salteadas ligeras.
  • Hidratos simples pero de calidad: arroz, patata, boniato, pan de buena calidad. En muchas cocinas del mundo, un plato de arroz con verduras o sopas suaves son el clásico de “recuperación”.
  • Proteínas fáciles de digerir: pescado a la plancha, pollo o pavo, tofu, huevos. Evita las frituras abundantes y las carnes muy grasas.
  • Frutas ricas en agua: naranja, piña, sandía, melón, kiwi o papaya aportan hidratación, vitaminas y algo de azúcar natural.

Adaptar estas recomendaciones a la gastronomía local puede ser una forma deliciosa de integrarte en la cultura del país de llegada: una sopa ligera asiática, un caldo mediterráneo, un guiso suave latinoamericano o un plato de verduras típicas pueden servir como “bienvenida digestiva”.

Alimentos a limitar justo después del vuelo

Cuando estés recién aterrizado, tu cuerpo aún se está adaptando. Mejor no exigirle demasiado con:

  • Comidas callejeras muy grasosas: por tentador que sea, quizá quieras dejar ese gran plato frito para el día siguiente.
  • Comidas muy picantes si no estás acostumbrado: pueden irritar un estómago que lleva muchas horas en reposo y deshidratado.
  • Grandes cantidades de alcohol: la combinación de deshidratación, cansancio y alcohol multiplica el malestar al día siguiente.

Ajustar las comidas al horario del destino

Uno de los retos de los vuelos intercontinentales es decidir si seguir el horario de tu lugar de origen o adaptarte rápidamente al destino. La comida puede ser una aliada para “enseñar” a tu cuerpo el nuevo horario.

Estrategias según la dirección del viaje

  • Si viajas hacia el este (por ejemplo, de América a Europa o de Europa a Asia): estarás “perdiendo horas”. Suelen recomendarse comidas algo más ligeras por la tarde y evitar grandes cenas al llegar, para poder dormir antes.
  • Si viajas hacia el oeste (de Europa a América, por ejemplo): “ganas horas”. Muchas personas se benefician de hacer una comida completa al llegar, pero no demasiado tarde, para no romper por completo el ritmo de sueño.

En ambos casos, procura que tus primeras comidas en destino respeten, en lo posible, los horarios locales. Incluso si no tienes mucha hambre, hacer una comida pequeña a la hora “normal” del país ayuda a que tu cuerpo ajuste su reloj interno.

Hábitos complementarios para evitar hinchazón y cansancio

La alimentación es solo una parte del rompecabezas. Combinarla con otros hábitos fáciles puede multiplicar el efecto positivo:

  • Levántate y camina cada cierto tiempo: incluso un breve paseo por el pasillo ayuda a la circulación y al intestino.
  • Haz movimientos suaves de piernas y tobillos: sentado, mueve los pies en círculos y flexiona y estira las piernas cuando puedas.
  • Usa ropa cómoda y poco ajustada en la cintura: reduce la sensación de opresión abdominal.
  • Controla la cafeína: tómala solo si realmente la necesitas para mantenerte despierto al horario local del destino.

En muchos países, los viajeros frecuentes han ido desarrollando sus propios rituales de vuelo: desde llevar siempre una botella reutilizable para rellenar, hasta elegir platos concretos en los aeropuertos que saben que les sientan bien. Observar cómo se alimentan los locales en los aeropuertos internacionales puede ser, de hecho, una pequeña ventana a sus costumbres gastronómicas y de salud.

Resumen práctico para tu próximo vuelo largo

Para transformar tu experiencia de vuelo a través de la alimentación, puedes guiarte por estas ideas sencillas:

  • Antes del vuelo: come ligero, con hidratos integrales, proteína magra y poca sal; evita fritos y exceso de azúcar.
  • Durante el vuelo: bebe agua con frecuencia, elige opciones simples y lleva snacks saludables propios.
  • Después del vuelo: rehidrátate, come platos suaves con verduras, frutas y proteínas fáciles de digerir y adapta los horarios al destino.

Con estos ajustes, tus viajes largos pueden pasar de ser una maratón agotadora a convertirse en una oportunidad más para explorar, de forma consciente, la relación entre lo que comes, cómo te sientes y la cultura gastronómica de cada lugar que visitas.

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